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Luis Mariano y Amigos Visitan Centro de Detencion de Guayama

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Fotos por Luis Mariano

“Si por cada bien intencionada oración elevada en la esperanza de hacer del mundo un mejor sitio para vivir, hubiésemos efectuado una buena obra por alguien, el mundo parecería como que esas oraciones fueron contestadas”.

Las palabras con que abro este reportaje en ninguna forma le restan al poder de la oración, por lo contrario, lo que sugieren es que demos ese próximo paso personal de envolvernos directamente, y con nuestras acciones llevemos la palabra y las enseñanzas de Dios adonde más falta hace. Dicen que una foto habla más que mil palabras, pues yo digo que un gesto, una obra habla más que mil fotos!

A mediados del mes de abril recibí un mensaje por Facebook del hermano menor de un buen amigo de muchos años, solicitándome mi número de teléfono, pues quería hacerme una invitación. No acostumbro a facilitar mi número telefónico mediante las redes sociales, pero por alguna razón, lo hice, y la llamada no se hizo esperar.

Luego del intercambio de cortesías típicas de dos personas que no se habían visto en al menos cuatro décadas, mi recién recuperado amigo dejo caer la “bomba”. “Luis Ma. (Mis amigos de mis tiempos de correr autos o de los deportes todos me llaman Luis Ma.), soy parte de un Ministerio Cristiano, colaborando con el Pastor Jack Roland Murphy, y conjunto con varias iglesias, tenemos un programa en el cual visitamos las instituciones penales, llevando la Palabra de Dios”.

En ese momento cerré los ojos y pensé, “En que jamón me he metido yo? Que querrá este loco, hermano menor de mi amigo que yo haga?”. Este continúo hablando y me explico, que diferente a otros ministerios, su grupo visita las prisiones acompañados de grupos de motociclistas, atletas y otras personalidades, cuya presencia motiva a los reclusos a salir de sus cubículos y compartir con la visita.

Naturalmente la intención de la visita es motivar a los reclusos a que acepten a Cristo en su vida, que permitan que Dios los libere y los saque del hoyo en que se encuentran, que se dejen salvar, pero el acercamiento es uno mucho más natural, menos conflictivo, cuando los reclusos ya comparten con los visitantes una atracción mutua, sea por las motoras o por los deportes.

Mi amigo, al que cariñosamente continuaremos llamando “El Loco” (Pero que de loco no tiene nada.), me explico que le gustaría que le acompañase a la próxima visita a la prisión, y que consiguiera que otros aficionados de autos se unieran, presentándole a los reclusos una especie de “mini-show”.

No vi manera de zafarme de esta, por lo que accedí, intercambiamos información y fechas, y finalmente fui invitado a una reunión en la Iglesia, la semana antes de la visita. Le pregunte si era posible retratar y grabar la visita para incluirla en mi portal y en mi programa, y aunque no me aseguro que fuese posible, me manifestó que en la reunión estaría “Paco”, y que él podría contestar mi pregunta.

Ahora me encontraba comprometido no solamente a ser parte de la visita, conseguir una docena de otros aficionados con sus autos que pudiesen estar un viernes a las 7:00am en Guayama, sino que ahora también tenía que estar en la Iglesia el lunes antes a las 7:00pm.

Soy una persona Cristiana, de profunda fe, criado en escuela Católica desde primer grado, pero me apena admitir, de poca asistencia a los servicios. Dios ha sido increíblemente bueno conmigo, más de lo que entiendo me he merecido, por lo que me dije a mi mismo, “que diantre, vamos a hacer el sacrificio”.

Llegue a la Iglesia, de hecho fui uno de los primeros, y no conocía a absolutamente nadie. Al ratito llego “El Loco”, nos saludamos y abrazamos y entramos al Templo. Ya mi amigo me había dicho que me sugería entrase al Internet (algo que aquí les sugiero a ustedes), y que hiciera un “Search” sobre la persona de Jack Roland Murphy, líder del movimiento de visita a las prisiones y quien encabezaría nuestra visita a Guayama. Lo hice, quedando muy impresionado por lo que leí, pero jamás me prepare para lo que siguió durante la reunión de ese lunes.

“Murph” como le llaman en el grupo, comenzó la reunión dirigiéndose a los presentes mediante un intérprete, ya que su español es limitado. Oí su impactante mensaje, seguido de otras personas que como el, se habían entregado a Cristo y habían salidos de una vida llena de crímenes, drogas, asesinatos y mas, para convertirse en Ministros que hoy, igual que el visitan las prisiones, salvando todos los años a cientos de jóvenes que habían perdido el camino.

Durante toda la presentación del Ministerio y el testimonio de los lideres, tuve que mirar hacia el techo, cerrar los ojos, moverme de lado y lado, respirar hondo, jugar con las manos en los bolsillos, trate cualquier cosa que me ayudara a poder mantener adentro esa sensación que se apoderaba de mi ser. Disimule algunas lágrimas, abochornado, pues mientras yo me sentía así, el resto de la gente aplaudía, clamaba a Dios, sonreían y se abrazaban.

Mi nuevo amigo Paco, me tomo totalmente de sorpresa, presentándome ante los reunidos como el “cheche” de los carros, el “más que masca”, etc. (esas no fueron sus palabras), pidiéndome que me parara y hablara sobre lo que yo hago.

Ustedes me conocen, soy alguien que no tiene reparo en hablar públicamente, por lo contrario disfruto ese medio, algo que llena de satisfacción. Pues déjenme decirles, que luego de que las rodillas dejaran de temblar y pudiese pararme, lo único que me salió de la boca fue mi nombre. La emoción del momento, teniendo aun en mi mente lo que había acabado de oír de gente que sufrió por años el estar en prisión, en las drogas y la soledad de su familia y la sociedad, que podía decir yo que tuviese algún tipo de importancia o relevancia.

Por más de un minuto pelee para que no saliera el llanto que tenía atragantado. No podía mirar a los congregados a la cara, pero los oía, dándome respaldo, alabando a Dios, aplaudiéndome por mi silencio. No recuerdo que dije al fin, pero jamás olvidare cuando los congregados, muchos de ellos jóvenes que han vivido difíciles vidas, me saludaban, me extendían su mano, me abrazaban y me hacían sentir uno de ellos.

Después de esta reunión, la obra del Ministerio tomo otro perfil en mi vida y pude transmitir mi experiencia a un grupo de amigos que dejaron sus compromisos, sus trabajos y sus familias y me acompañaron a las siete de la mañana en Guayama, para compartir su bellos autos con los confinados.

Amigos lectores, no voy a convertir Autos Clasicos e Historicos en un portal religioso, no se preocupen, no es necesario, porque Dios, siempre ha estado ahí, en cada palabra de autos que escribo, solo continuo el trabajo que comencé hace 6 años.

LA VISITA

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Para el que jamás ha visitado una prisión, el proceso de entrada nada más es uno impresionante. Primero pasamos los autos por una rigurosa inspección efectuada por la Unidad K9, luego nos asignaron el área donde los autos estarían colocados para la primera visita, los estacionamos y fuimos transportados al punto de seguridad de entrada. Allí dejamos prendas, carteras, dinero, celulares, en fin todo lo que traíamos. Luego de que dejáramos las pertenencias en un “Locker”, fuimos inspeccionados “frisk”, uno por uno. De ahí pasamos a un portón que se abrió y se cerró detrás de nosotros, dejándonos en una especie de celda intermedia, luego abriéndose un segundo portón que nos dio acceso a la prisión. Un Oficial de Corrección nos escolto hasta el campo de pelota, donde ya se encontraban las motoras y donde los reclusos se nos unirían.

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Bajo supervisión de los Oficiales de Corrección, los reclusos fueron desfilando al campo de pelota, y asumiendo sus asientos en las graderías bajo techo. No hay nada más grato y halagador para cualquier comentarista, narrador, presentador o actor, que al llegar a un sitio, aficionados lo saluden a uno por nombre, pero créanme amigos que jamás por mi mente paso que tuviera el recibimiento que tuve en esta vista. Oía, “Luis Mariano”, “Saludos Mariano”, “te lo dije que era Luis Mariano”, “Dios te bendiga”, “donde están los autos”, etc. Wow! Otra vez me quede mudo!

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Varios de los Ministros se presentaron al grupo, entre ellos ex convictos, exlíderes de gangas en las prisiones, ex drogadictos, cada uno, relatando sus experiencias y como mediante seguir a Cristo, salieron de la comunidad penal reintegrándose al mundo fuera de las rejas y libre del pecado y la tentación. Nuevamente me presentaron para que hablara, pero esta vez si me salieron las palabras, compartiendo con los muchachos los autos que trajimos y contestando algunas de sus preguntas.

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Para el cierre de cada visita, los reclusos forman grupos pequeños, donde un líder del Ministerio les ofrece la palabra de Dios, consejo y apoyo. Antes de regresar a sus celdas, tuvimos la oportunidad de charlar con ellos sobre el tema que estos desearan.

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Al concluir la mañana, fuimos trasladados a los autos, los cuales movimos a la siguiente prisión, esta vez logrando que los autos estuvieran dentro y que los reclusos pudiesen verlos de cerca, tocarlos y hablar de uno a uno con cada dueños. Almorzamos con los confinados y nos preparamos para la segunda ronda, esta vez en la prisión conocida como “La Mil”.

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SEGUNDA VISITA

Las amplias facilidades de esta prisión permitieron que el tiempo de compartir con los autos fuese más efectivo y más divertido. Muchos de los reclusos tenían buen conocimiento automotriz y los que no, había que verle las caras contentas de poder tocar uno de estos autos especiales.

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Concluido el tiempo con los autos, pasamos al interior de la prisión, donde en una moderna cancha bajo techo, se habían acomodado unas sillas para los reclusos, una tarima para las presentaciones que incluyo a Jaylin Cintrón.

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Tuve nuevamente la oportunidad de dirigirme a los confinados y de presentar a cada uno de los dueños de los autos que ya habían visto.

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El cierre nuevamente incluye la formación de los diferentes grupos pequeños, donde la oración, y orientación hizo su magia.

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Nos despedimos de los reclusos con la promesa de regresar un sábado, pero con un mayor grupo de autos, motocicletas, hot rods, rat rods, de todo un poco.

Ambas prisiones visitadas son de Seguridad Máxima, los reclusos, la mayoría jovencitos menores de treinta años, cumplen condenas de entre 30 y 40 años, en muchos casos por delitos violentos. Sin embargo, cuando uno entra, lo que uno ve son jóvenes ansioso de recibir una visita, de charlar sobre temas de interés, amantes de los autos, de la música y del arte.

Si una de nuestras visitas impacta la vida de una sola persona, hemos hecho nuestra contribución a la sociedad y al futuro de nuestro Puerto Rico. Dios trabaja en maneras misteriosas, pero créanme, no hay nada misterioso cuando uno ve la carita sonriente de un joven de veinticinco de años que ya lleva cerca de diez años preso. Recuerden “Una buena obra es la respuesta a muchas oraciones”! Sirvamos de instrumento en la agenda del Todopoderoso.

Finalmente al “Loco”, a Paco, a Gandi, a Tommy y por supuesto a “Murph” y a todos los otros hermanos que formaron parte de lo sucedido en esta visita. Gracias especiales a: Carlos Rosario, William Malave, José Guzmán, Renato Berdut, Jesús Ariel Rivera, Rafael Acosta y a Georgie Ramírez y Pura Azabache, que proporcionaron los autos que se exhibieron.

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Reconocimiento sincero por la labor efectuada por la Administración de Corrección y los Administradores del Complejo carcelario de Guayama. Un abrazo a todos los oficiales penales que facilitaron nuestro movimiento y envolvimiento en esta gran obra.

Quien se apunta para la próxima visita? No importa que carro sea, después que llegue a Guayama. Envíe su nombre y teléfono a: This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it. y le enviaremos la información necesaria.

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