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Cuando un Cadillac era un Cadillac - El Dorado Biarritz 1958 Convertible

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Mediante el uso de elegantes diseños y toneladas de cromo por metro cubico, los Cadillac de los cincuenta eran celebridades en su propio merito, estatus que el dueño compartía siempre y cuando se mantuviese detrás del volante. Un año antes de que la locura de las aletas de los autos alcanzara su más alto nivel del 1969, Cadillac produjo este espectacular modelo El Dorado Biarritz convertible. Solamente 815 unidades fueron fabricadas en ese año, de las cuales ninguna recibió el nivel de atención que el modelo que aquí les presentamos. Pintado en el color Alpine White con interiores en piel al rojo vivo, este impresionante automóvil solo ha tenido dos dueños en record durante sus 55 años de vida y recibió una extensa y detallada restauración en la década de los noventa, reteniendo toda su lata original, su motor y transmisión original, todos los componentes, accesorios e instrumentación del vehículo e funcional y cuenta con un amplio record documentando su historia y el proceso completo del trabajo de restauración.

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Aun cuando está parado es te convertible impresiona. Su tamaño es aproximadamente del largo de una Cadillac Escalade EXT, lo que dice mucho del diseño original de Harley Earl. Desde los elegantes arcos de las ruedas delanteras hasta las dramáticas aletas montadas en unos paneles traseros que fluyen hacia abajo, todo parece indicar que el auto fue diseñado para que diese la impresión de movimiento en todo momento. La carrocería fue pintada en el color original Alpine White, algo que resalta la elegancia del diseño del modelo.

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Básicamente todo lo que salía de Detroit durante la década de los cincuenta cargaba con al menos doscientas libras de cromo, pero nadie sabia añadir dicho cromo con el carisma que lo hacia Cadillac. Al frente, una parrilla del ancho del auto con un patrón cuadriculado con focos de parqueo semi-rectangulares montados debajo de las balas de goma de la defensa ya de entrada establecían que no se trataba de un automóvil cualquiera. Montado sobre la parrilla en el bonete lucia una “V” color oro debajo del emblema de Cadillac, ambos centrados entre cuatro focos adornados con marcos cromados, piezas que se extendían en los lados del auto hasta el centro de ambas puertas.

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Detrás de las puertas y sobre los estribos el auto incorpora un diseño de galones (chevron shaped) de diez franjas cromadas que se extienden hasta la defensa trasera, regresando a ambos lados de la tablilla del auto. Naturalmente los focos traseros fueron incorporados a las aletas y estas tienen su propia vareta cromado en la parte superior.

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Debajo del bonete yace un poderoso y poco común motor V8 de 365 pulgadas cubicas con 10.25:1 de compresión que desarrollaba una impresionante cifra de 334 caballos de Fuerza y 405 libras de troque. Curiosamente, este motor utilizo un múltiple de admisión para tres carburadores Rochester de 2 bocas cada uno, con un enorme filtro de aire especial para el trío de carburadores. El filtro incorporaba dos entradas de aire, una a cada lado del motor. El bloque y las tapas de bloque llevan el tono correcto de azul Cadillac para el modelo y año. Un generador Delco-Remy, un compresor de aire acondicionado estilo “vintage” corren entre las poleas frente al radiador original que es asistido discretamente por un abanico eléctrico de fabricación moderna. Acoplada al potente motor hay una transmisión automática Hydra-Matic. La fuerza del motor pasa al asfalto mediante unos bellos aros Sabre cromados que lucen sendas gomas banda blanca.

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Al abrir las enormes puertas del Biarritz, entra uno en un lujoso ambiente cubierto por yardas de piel fina en color rojo brillante que contrasta marcadamente con el exterior Alpine White. Un asiento estilo banco acomoda al conductor frente a al panel de mando del automóvil. De izquierda a derecha tenemos los relojes de temperatura y combustible justamente sobre los controles del “heater” y “defroster”. En el centro el velocímetro, odómetro e indicador del selector de velocidades, todos detrás del elegante guía pintado en rojo flamante. A la derecha un reloj de hora fue montado sobre los controles de ventilación.

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Siguiendo el panel de instrumentos hacia el centro del auto, encontramos un radio original de diseño de botones o como se conoce, un “Wonderbar”. Debajo del panel se acomodo la caja de salida del aire acondicionado “vintage”, tan bien instalada y situada que son muchos los que al verla están en dudas si es equipo original o no. En la parte trasera los ocupantes también disfrutan de accesorios especiales como ceniceros y encendedores.

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La documentación que acompaña este vehículo es un verdadero tesoro de la historia de Cadillac. Recibos, órdenes de servicio, “shop manuals” y hasta varios volúmenes de álbumes documentando cada paso de la restauración. Aunque es difícil el señalar a cualquier Cadillac clásico como el que define la era Cadillac, seguramente este Biarritz El Dorado de 1958 convertible tiene todos los atributos para reclamar su puesto en la historia de la marca, simplemente, el lujo y la elegancia en su máxima expresión.

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