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Hot Rods - De Regreso al Futuro

hod12.jpgPosiblemente, para aquellos ávidos del automovilismo nacidos en las décadas de los cuarenta y cincuenta, un reportaje dedicado a describir el término ‚Äúhot rod‚Äù parezca innecesario o inconcebible, pero a esos veteranos de mi generación, les pido que me permitan describir el término y el movimiento de ‚Äúhot rod‚Äù para beneficio de los que reclaman ser de ‚ÄúMenudo para acá‚Äù. Para estos ‚Äúold timers‚Äù que los próximos párrafos sirvan como una especie de viaje por el sendero de la memoria, de ‚Äúmejores tiempos‚Äù y para los jovencitos, bueno pues para que se pongan al día.

Si vamos al Diccionario de Webster‚Äôs, ‚Äúhot rod" es un automóvil, reconstruido y/o modificado con el propósito de alcanzar velocidades más altas y una mejor aceleración‚Äù. Muy cierto, pero un ‚Äúhot rod‚Äù es más, mucho más que eso, veamos.

El término ‚Äúhot rod‚Äù obtuvo su origen en la década de los cuarenta, pero se traza su origen a la época de la Depresión, cuando nacieron expresiones como ‚Äúsoup-ups‚Äù (supeáos en nuestro argot boricua), en boca de jóvenes entusiastas que con poco o ningún dinero tenían el deseo de ‚Äúbregar‚Äù con los autos, que para los años treinta eran un concepto completamente innovador. Es necesario hacer un paréntesis en este momento para destacar que si traducimos literalmente el término ‚Äúhot rod‚Äù al español, su equivalente sería ‚Äúbiela caliente‚Äù. Biela es la apéndice que conecta el pistón al cig√ºeñal del auto y por supuesto, ‚Äúcaliente‚Äù implica su uso modificado.


Parte de este movimiento nace del deseo de dichos entusiastas de mostrarle a los adinerados que no solo con dinero se adquiría status automotriz. Así que a pesar del énfasis en potencia y performance, un ‚Äúhot rod‚Äù también era una expresión social de un grupo que reclamaba identidad, naturaleza ingeniosa y últimamente independencia. Estas últimas cualidades traen una resonancia emocional que distingue a los ‚Äúhot rods‚Äù de autos caseros fabricados con el único propósito de competir.

Los historiadores del automovilismo concuerdan que es en el sur de California, específicamente el área de los lago secos (dry lakes), la cuna de los ‚Äúhot rods‚Äù. Aquí, un puñado de mecánicos de marquesina, utilizando piezas encontradas en los ‚Äújunkers‚Äù, crearon una gama de aerodinámicos vehículos de competencia que competirían el uno contra el otro en cursos de línea recta trazados en los lagos secos del desierto del área. En esos días, no existía nada excepto terrenos abiertos en lo que hoy conocemos como Pasadena, Burbank y Glendale. Por supuesto, estos ávidos pioneros del automovilismo tenían que tener en mente cuando fabricaban sus autos que ese ‚Äúhot rod‚Äù era el único modo de transportación que tenían y tenían que usarlo durante la semana para trabajar, ir de compras y hasta recoger los niños en la escuela.

La mayoría de los primeros ‚Äúhot rods‚Äù eran Ford Modelo T y Modelo A, en su mayoría ‚Äúroadsters‚Äù (modelos sin capota). Esta selección fue una de conveniencia, ya que estos modelos eran baratos de comprar, abundaban hasta en los ‚Äújunkers‚Äù, eran livianos y con un solo asiento. El primer paso era ‚Äúdestriparlos‚Äù de cualquier componente innecesario como: guardalodos, estribos, accesorios, defensas y hasta el parabrisas, para hacerlos más aerodinámicos y livianos. Eventualmente comenzaron a utilizar los ‚Äúcupés‚Äù (dos puertas con capota) y sedanes de cuatro puertas con capota. Típicamente, estos modelos más pesados recibían una cirugía radical en la cual se le bajaba la altura de la capota (chopped head), se le cambiaba el ángulo de la capota (slope) y el ángulo del parabrisas delantero era inclinado hacia atrás (rake).

Se utilizaban gomas más grandes en la parte trasera para poder subir la relación del diferencial y obtener velocidades mas altas; gomas más pequeñas al frente, que bajaban la altura del auto asía creando una mejor línea aerodinámica y menor resistencia al viento. Los ‚Äúhot rodders‚Äù cortaban unos ‚Äúlouvers‚Äù (una serie de cortes de ventanita) en el bonete, la carrocería y la tapa del baúl que ayudaban en el enfriamiento del motor y a la vez daban salida al aire que se acumulaba en la carrocería. Era común que se utilizaran discos planos en la ruedas para mejorar aún más la ventaja aerodinámica. De hecho, un caballero de nombre Dean Moon, fue uno de los muchos que crearon un imperio automovilístico en esa época fabricando componentes de calidad a precios razonables para este creciente grupo de entusiastas. Los ‚ÄúMoon Discs‚Äù, tapabocinas de aluminio, planos y livianos se convirtieron en un ícono del movimiento de los ‚Äúhot rods‚Äù. De hecho aún hoy, la calcomanía con el logo de Moon, un par de ojos sobre un fondo amarillo, puede verse en autos de una tercera y cuarta generación descendiente de los primeros ‚Äúhot rods‚Äù.

El motor por excelencia de esa primera época lo fue el Ford Flathead V-8 que debutó en el Modelo A en el 1932. Su producción en masa permitió que fueran fácil y económicamente accesibles y su diseño hacia posible que fueran modificados ilimitadamente. En su condición original el ‚Äúflathead‚Äù desarrollaba unos 85 caballos de fuerza y ‚Äúpasándole la mano‚Äù era posible duplicar y hasta triplicar su caballaje.

hod10.jpgLo primero que se iba era el ‚Äúmuffler‚Äù, se eliminaba la tubería original y se diseñaba una tubería recta, sin curvas para mejor eficiencia de escape y por supuesto, el segundo paso era aumentar la carburación. Figuras del momento, como Ed Iskendarian y Vic Edelbrock pusieron a la disposición del los ‚Äúhot rodders‚Äù, ejes de leva modificados para que las válvulas de admisión abrieran más y la duración de las válvulas de escape fuera mayor permitiendo que entrara más aire al motor y que los gases quemados salieran en mayor volumen. Vic Edelbrock se ingenió para diseñar unos manifolds ‚Äúmultiples‚Äù, donde era posible instalar dos, tres y hasta cuatro carburadores sobre un motor de la época. El resultado fue que uno de estos ‚Äúhot rods‚Äù ‚Äúsupeados‚Äù, alcanzara velocidades de más de cién millas por hora en los cursos trazados en el lago seco.

Segunda Guerra Mundial. El conflicto bélico de los cuarenta puso un alto a los pioneros del ‚Äúhot rod‚Äù, pero el culto había sido establecido para jamás morir. Fueron muchos los jóvenes soldados que dejaron sus ‚Äúhot rods‚Äù trepados en cuatro bloques para cuando regresaran de la guerra y que le pedían a sus hermanos menores que les tomaran fotos y se las enviaran al frente de batalla. Con estas fotos en mano, los jóvenes entusiastas se colmaban hablando de sus autos y de sus proezas detrás del volante a cualquier persona que los escuchara. Al concluir la guerra en el 1945, el movimiento de ‚Äúhot rodding‚Äù explotó de manera sin precedente, convirtiéndose en una de las modas más destacadas de la era de la post guerra americana.


hod04.jpgCon dinero en los bolsillos, destrezas mecánicas y de fabricación en metáles adquiridas durante el servicio en el ejército, miles de entusiastas hicieron su sueño de tener un verdadero ‚Äúhot rod‚Äù una realidad. Los fines de semana se reunían miles de entusiastas y seguidores del deporte en los lagos secos de California para dar rienda suelta a su pasión por la velocidad. En otras partes del estado de California, a través de los Estados Unidos y por supuesto aquí mismo en Puerto Rico, se regó la modalidad, y a veces fatal práctica, de las carreras clandestinas en las calles y avenidas de la ciudad.
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Accidentes de ‚Äúhot rods‚Äù en las calles eran común y ligados a la revolución juvenil explotaba en los Estados Unidos y Puerto Rico de la velocidad, el ‚Äúrock and roll‚Äù, ocasionaron que los ‚Äúhot rodders‚Äù, que en su mayoría era un grupo de automovilistas responsables, fueran tildados por la sociedad como delincuentes y perseguido y acosados por la prensa del país. Reuniones de ‚Äúhot rodders‚Äù eran percibidas como aterrorizantes y la publicidad que ocasionaron películas de Hollywood en la cual pintaban al ‚Äúfiebre‚Äù como un delincuente contribuyeron al mal sentir de la sociedad sobre todo el que se asociara con los ‚Äúhot rods‚Äù. Las palabras de ‚Äúhot rods y rock and roll‚Äù se convirtieron en símbolos de de el lado oscuro de la juventud de la época.
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La publicidad negativa, muy lejos de detener el movimiento, sirvió como oxígeno para que el fuego y la fiebre crecieran a niveles sin precedente. En un esfuerzo de cambiar la opinión pública sobre los ‚Äúhot rods‚Äù, se celebró en enero del 1948, en el ‚ÄúLos Angeles National Guard Armory‚Äù la primera exhibición de esta modalidad. Se enfatizaron las cualidades positivas del movimiento y de los autos tales como: seguridad, creatividad, ingeniería y destreza en la fabricación. Cerca de diez mil personas asistieron a esta exhibición y un par de años más tarde, en el 1950, Robert E. Petersen, fundó su revista ‚ÄúHot Rod Magazine‚Äù. Esta revista, que era vendida a la entrada de exhibiciones de ‚Äúhot rods‚Äù, alcanzó casi de inmediato una circulación de trecientas mil personas.

Surgieron para ese tiempo dos asociaciones que tendrían un impacto trascendental para el movimiento, la ‚ÄúSouthern California Timing Association‚Äù (SCTA) y en el 1951, la Nacional Hot Rod Association (NHRA), encabezada por Wally Parks, asociación que ha crecido a lo que se conoce hoy como el cuerpo regulador y organizador de eventos de aceleración a través del mundo.
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Con la asistencia de la NHRA, de grupos cívicos, la policía y los propios ‚Äúhot rodders‚Äù, el movimiento tomó una nueva dirección y la mayoría de los que arriesgaban su vida corriendo en la calle, se convirtieron en los pioneros de las competencias del cuarto de milla al estilo NHRA. Otros optaron por convertir sus vehículos en obras de arte, dándole rienda suelta a su imaginación, creando la nueva generación del ‚Äúhot rod‚Äù, lo que hoy conocemos como el ‚Äústreet rod‚Äù. Este último más sofisticado, mucho mas tecnológicamente avanzado, pero con un buen motor debajo del bonete (algunos no tienen bonete) .
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Una variedad de estos ‚Äústreet rods‚Äù evolucionaron a lo que hoy llamamos ‚Äúcustoms‚Äù, y en su mayoría era sedanes, siendo el Mercury del 1951 su mayor exponente. El cromo, doble escape lateral, paneles desprovistos de manecills y cerraduras, capotas cortadas y parrillas tubulares se convirtieron en el símbolo de estos ‚Äústreet rods‚Äù.
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Los años sesenta vieron el nacer de los llamados ‚Äúmuscle cars‚Äù, la interpretación de Detroit del creciente movimiento del ‚Äúhot rod‚Äù y el intento de capturar la atención y el bolsillo de los seguidores de dicho movimiento. Detroit atragantó monstruosos motores de 389, 396, 400, 426, 427, 428 y 440 pulgadas cúbicas en modelos sencillos de producción de tamaño intermedio. El resultado fue una bomba de tiempo, un ‚Äúhot rod‚Äù al estilo de Detroit, como decimos en el argot del entusiasta ‚Äúturn-key‚Äù.
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Las próximas dos décadas, la de los setenta y los ochenta pasará a la historia como una de cambios que no reflejó los mejores años para Detroit y la producción de autos americanos. La recesión, el alta en las primas de seguro, el alza del combustible, sumado a una producción de autos mediocres mató el auto de alto rendimiento americano, pero no el movimiento del ‚Äúhot rod‚Äù.

Los noventa comenzaron a darle esperanzas al entusiasta cuando firmas como Ford, Chrysler y la propia General Motors comienzan a producir los llamados ‚Äúretro-diseños‚Äù que recuerdan la época de los ‚Äúhot rods‚Äù y el músculo de Detroit. Chrysler produce vehículos como el ‚ÄúProwler‚Äù, la P.T. Cruiser y más recientemente el regreso del Charger, el Hemi, las siglas R/T; Ford revive el Shelby y General Motors produce sus versiones de la P.T. Cruiser y por supuesto reintroduce el verdadero performance en el Corvette.

La industria del ‚Äúhot rod‚Äù en su descripción tradicional es una multimillonaria en la cual miles de fabricantes se dedican a reproducir componentes y carrocerías de los años treinta y cuarenta. Se puede hoy recrear un Modelo T, o un Modelo A o un Five window coupe. Se consigue todo, desde el chasis, a la cableria. Ya algunos vienen hasta pintados o si el comprador tiene ‚Äúcaballos de fuerza‚Äù en la chequera, puede ordenar uno hecho por Hollywood Hot Rods, Chip Foose o Boyd Coddington o cualquiera de los otros destacados fabricantes de hoy.

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Si así lo prefiere, el entusiasta puede ir a una de las subastas de Barrett-Jackson y adquirir un ‚Äústreet rod‚Äù por una fracción de lo que costaría hacerlo, pero el verdadero placer esta en el crearlo, armarlo y correrlo. Es curioso que cada día se ve más en renacer del ‚Äúhot rod‚Äù original.
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